Hasta este punto del recorrido —desde los fundamentos hasta la construcción de escenarios y la estimación de PD y LGD bajo estrés— hemos trabajado con parámetros de riesgo. Ahora llega el momento en que esos parámetros se convierten en cifras que impactan directamente los estados financieros y la posición de capital de la entidad.
De PD y LGD a pérdida crediticia esperada (ECL)
Bajo NIIF 9, la pérdida crediticia esperada (ECL, por sus siglas en inglés) se calcula combinando PD, LGD y exposición al momento del default (EAD), diferenciada según la etapa de deterioro de cada crédito:
- Etapa 1: ECL a 12 meses, para créditos sin deterioro significativo.
- Etapa 2: ECL a lo largo de toda la vida del crédito, para créditos con deterioro significativo del riesgo (aunque sigan al día en sus pagos).
- Etapa 3: ECL a lo largo de la vida del crédito, para créditos ya en default.
Un ejercicio de stress testing recalcula estos tres componentes bajo el escenario adverso o severamente adverso, y el resultado es un salto —a veces abrupto— en el nivel de provisiones requeridas, especialmente por la migración masiva de créditos de Etapa 1 a Etapa 2 que suele ocurrir bajo estrés.
Activos ponderados por riesgo (RWA): más allá del crédito tradicional
El estrés no solo afecta las provisiones; también afecta los activos ponderados por riesgo (RWA), que son la base para calcular los requerimientos de capital regulatorio. Aquí es donde conviene recordar un matiz que cubrimos en el artículo anterior: el riesgo soberano (bonos de gobierno) se transmite a través de la ponderación de riesgo aplicada al instrumento, no a través de las mismas matrices de transición que la cartera de crédito comercial.
Bajo un escenario de estrés, cambios en calificaciones crediticias soberanas o corporativas pueden aumentar significativamente los RWA, incluso sin que haya un evento de default.
El efecto combinado sobre el capital: CET1 y colchones
El indicador que finalmente resume el impacto de todo el ejercicio es el Common Equity Tier 1 (CET1): el capital de mayor calidad dividido entre los RWA. Un aumento en provisiones (que reduce el capital) combinado con un aumento en RWA (que aumenta el denominador) puede erosionar el ratio CET1 de forma significativa bajo un escenario severamente adverso.
Basilea III exige, además del mínimo regulatorio, colchones de capital adicionales (de conservación, contracíclico, entre otros) que actúan como margen de seguridad. El propósito último del stress testing es precisamente verificar si esos colchones son suficientes para absorber el choque proyectado, o si la entidad necesitaría medidas correctivas.
Por qué esta cifra final importa tanto
En la práctica de formación a equipos bancarios, este es el punto donde la conversación deja de ser puramente técnica y se vuelve estratégica: un resultado de CET1 por debajo de los umbrales exigidos no es solo un número de modelo, es una señal que activa planes de contingencia de capital y que debe comunicarse con precisión tanto a la alta gerencia como, eventualmente, al supervisor.
Esa comunicación —qué se documenta, cómo se traza el proceso y cómo se adapta el mensaje según la audiencia— es precisamente el tema de nuestro siguiente artículo.
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